Motivación: El poder del SÍ

Motivación: El poder del SÍ

Cuántas veces me ocurre que pregunto a las personas qué quieren conseguir, a dónde quieren llegar, cuál es su sueño en un aspecto concreto de sus vidas o en su vida en general, y esas personas paran un instante, respiran profundamente, miran al cielo, después cierran los ojos, intentan rebuscar alguna idea y enseguida comienza la cabeza a moverse de un lado para otro en señal negativa, para acabar diciéndome, “no lo sé, parece increíble pero no lo sé, mira que me lo he planteado veces pero en realidad no sé lo que quiero”.

A continuación comienza un largo discurso con lo que sabemos seguro que NO queremos, y de esa manera nos sentimos más reconfortados porque hemos sabido dar la respuesta. Porque parece que con saber lo que NO queremos, ya estamos respondiendo a lo que buscamos y queremos.

Elegir lo que queremos significa

  • Compromiso para asumir la opción escogida, frente a todas las que se eliminan de un plumazo al avanzar hacia un solo sentido.
  • Riesgo, que existe también cuando decimos lo que no queremos, pero se agudiza sensiblemente al prescindir de todas las alternativas excepto la que escogemos porque de alguna manera tendremos que defender la elección hecha.
  • Aceptación de las consecuencias que suponga haber escogido y ser conscientes de que hemos escogido, con las ventajas e inconvenientes de escoger.
  • Protagonismo y responsabilidad que hace que nos comportemos de forma adulta, asumiendo las consecuencias de nuestras decisiones, reconociendo ante nosotros mismos qué es lo que queremos y para qué lo queremos y hasta dónde estamos dispuestos a esforzarnos para llegar a ese fin, sabiendo que todas las opciones tienen algo de lo que deberemos desprendernos para alcanzar lo que nos llama.

Probablemente todo esto tiene mucho que ver con la cantidad de veces que de pequeños hemos escuchado cosas como: NO TOQUES ESO… (que te vas a ensuciar), NO TE SUBAS AHÍ… (que te vas a caer), NO HAGAS ESO… (que te va a salir mal), NO, NO, NO…

Estos mensajes los recibimos con la mejor de las intenciones (a veces), pero no siempre tienen la mejor de las consecuencias. Quizás en un intento de tratar de proteger a la persona que recibe el mensaje, estamos limitando su capacidad de crear, arriesgar, crecer y de confiar en sí misma. Quizás en un intento de tratar de evitarle un mal, le centramos en la probabilidad de que se produzca un problema en lugar de enfocarle en los elementos a los que tiene que dirigir la atención para que lo que vaya a hacer, tenga un resultado positivo.

Y en esto nos pasamos la vida, en buscar lo que NO queremos que ocurra, porque así lo hemos aprendido. Y estando tan centrados en esto, que nos sentimos seguros ahí pero se nos escapan las que realmente nos gustaría conseguir.

Algunas personas me suelen contestar que en ocasiones hay que saber decir que NO a trabajar más, o a que algunas personas se aprovechen de otras etc… y lo que yo propongo a estas personas es que cuando quieran decir no a trabajar más, piensen para qué les va a servir trabajar menos y si la respuesta es para dedicarse tiempo entonces que digan SÍ a dedicarse tiempo. Cuando quieran decir no a quienes que se aprovechan de de la confianza, les propongo que digan SÍ a respetarse y dar de sí sólo lo que les haga sentir bien.

Porque cuando decimos SÍ estamos dirigiendo nuestra mirada hacia lo que queremos conseguir, en lugar de huir de lo que no nos interesa.

Cuando decimos Sí, pensamos en soluciones y aumenta nuestro compromiso.

Porque cuando decimos SÍ, vamos dando pasos y avanzando hacia lo que nos gusta y nos satisface, en lugar de conformarnos con algo que no nos disgusta.

Cuando decimos SÍ, cambia nuestra química cerebral y corporal y nuestra mirada, nuestra respiración todo nuestro cuerpo se posiciona en SÍ y hasta sonreímos más, porque estamos orientados hacia la solución.

Por eso, yo recomiendo que comencemos y practiquemos diciendo SÍ. Realmente nos merecemos decirnos SÍ y quienes nos rodean también lo merecen.

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