Motiv-acción

Motiv-acción

Motivación, del latín motivus (movimiento) y el sufijo –ción (acción y efecto), es el motivo que nos impulsa al movimiento hacia una acción o un efecto concreto.

Victor Frankl en su libro EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO recoge su experiencia durante la II Guerra Mundial en los campos de concentración y nos regala palabras como “Si tienes un porqué vivir, encontrarás un cómo” inspirado en las palabras de Nietzsche: «Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo».

Esta es la experiencia cotidiana que todas las personas realizamos, de manera más o menos consciente ante multitud de proyectos y decisiones. Pero también experimentamos su ausencia, y es ahí donde, cuando nos falta un por qué o un para qué, cualquier cómo nos parece insuficiente o inadecuado para llevarnos a la acción.

En ocasiones el por qué es aquello hacia lo que queremos ir, a lo que queremos acercarnos o lo que queremos esforzarnos por alcanzar. Pero en ocasiones el por qué, puede ser aquello de lo que queremos alejarnos, huir o dejar de lado para comenzar algo nuevo, distinto y a veces desconocido.

Algunas personas han visto “la luz” al final del camino, o han encontrado la casa de sus sueños, o el trabajo que desean, o los zapatos que habían imaginado, y se ponen en marcha casi sin darse cuenta, sin apenas esfuerzo, encuentran tiempo, recursos, inspiración… porque el objeto, la meta que quieren alcanzar les está guiando, y son fuerza, impulso, energía suficiente para hacer frente y superar los obstáculos que van encontrando, y que siempre se producen, en mayor o menor medida.

Para otras personas “la luz”, significa encontrar un estado de paz y tranquilidad o euforia y energía, un estado que buscan sin parar, haciendo cambios y pruebas constantes, para alcanzarlo en su vida y de ese modo, alcanzar el bienestar.

Había un tendero, que tenía en la puerta de su comercio un perro que no dejaba de aullar. En esto que pasó por allí un cliente de la tienda, quien informó al tendero de que había un perro aullando de dolor en su puerta a lo que el tendero contestó: “ya lo sé, el perro está sentado sobre un clavo y le duele”. Cuando el cliente escuchó la explicación, se exaltó más aún y le espetó que debía hacer algo, que cómo estaba tan tranquilo ahí con lo que estaba ocurriendo… a lo que el tendero respondió: “tranquilo, si el perro no se ha movido de ahí, es porque aún el dolor no es suficientemente fuerte. En cuanto el dolor sea suficientemente fuerte, el propio perro se moverá”.

Otra forma de encontrar el por qué es a través de “la sombra” que nos hace darnos cuenta de que lo que estamos viviendo, sintiendo, experimentando, no es lo que queremos para nosotros, y por lo tanto debemos comenzar a hacer cambios, quizás sin saber muy bien hacia dónde, pero sí para salir de la situación en la que nos encontramos. Esa sombra es el clavo que nos hace movernos, entrar en acción.

Esta semana me he encontrado con una persona que se ha animado a emprender un proceso de Coaching personal para cambiar su vida. La primera pregunta en estos casos suele ser ¿qué quieres conseguir? ¿a dónde quieres llegar?

Ese es el porqué, que a veces nos cuesta encontrar. A menudo nos es más sencillo identificar de dónde queremos salir, aquello que ya no queremos en nuestras vidas, para, a partir de ahí comenzar a explorar hasta dar con lo que buscamos, el porqué que activará inmediatamente los cómo.

Muchas veces nos encontramos en las aulas con niños que se ven atascados con las clásicas asignaturas “hueso” y que muchos años después, desde la perspectiva de darle un sentido a su contenido en nuestra vida, un por qué o para qué, se convierten en atractivas e interesantes hasta el punto de comenzar un trabajo voluntario de estudio. Encontramos un motivo que nos mueve a la acción.

Todos conocemos personas que llevan a cabo un trabajo que no les “motiva”, cuya ejecución supone un esfuerzo continuado lo que consume gran energía y desgasta física y emocionalmente. Mientras que hay otras personas cuyo trabajo responde a un para qué tan poderoso en su vida que les mueve a la acción de manera casi inconsciente.

En este camino de encontrar el para qué, existe un elemento, el más poderoso de todos y es el amor. Cuando ese sentimiento de amor hacia algo o alguien se activa, se pone a funcionar, todos los cómos aparecen en nuestro camino, bajo la forma de múltiples opciones, y los obstáculos se perciben como asequibles. El amor al trabajo que realizo, a las personas por las que me esfuerzo, a mejorar cada día…

Animo a cada persona a buscar dentro de sí y en cada proyecto ese trozo de amor, que si lo encontramos, será la motivación necesaria para ponernos en movimiento. Y si no lo encontramos, quizás es el momento de empezar a plantearse qué sombra es la que nos impide reconocerlo.

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