Héroes y heroinas

Héroes y heroinas

Habitualmente cuando pensamos en héroes y heroínas (en adelante sólo utilizaré héroes de forma inclusiva) nos viene a la cabeza algún personaje real o de ficción, que sacrifica algo o se sacrifica en persona por el bien de terceras partes, bajo un objetivo honorable y de justicia universal.

Suele dar la sensación, cuando pensamos en estos héroes, a modo de Robin Hood, que se trata de seres sobrenaturales, que provienen de otra dimensión y que poco o nada tienen que ver con la composición y el funcionamiento de nosotros, el común de los mortales. Parecen disponer de una capacidad de discernimiento mucho mayor, una visión sobre el objetivo final clara y un sentido de la justicia amplio y profundo. Con una capacidad de sacrificio inagotable y un nivel de tolerancia al sufrimiento con la que parecen haberse inmunizado o anestesiado en algún momento de su existencia.

Individuos que no dudan, no temen y siempre acaban consiguiendo el objetivo último que se propusieron al inicio de su  recorrido.

Photo by Muhd Asyraaf on Unsplash

Cuando pienso en los héroes, a mí me sale colocarme en el papel de la víctima. Es como si asumiera ese papel para poder soportar el sentimiento  de inferioridad que provoca ser testigo y hacer la comparación. Ser la víctima para poder curar las heridas que provoca ver ese héroe y compararlo con mis propias carencias, y me digo: “…es que yo no tengo tanto valor…”, “… es que yo tengo familia a la que debo cuidar…”, “…es que, ¿qué voy a hacer si me sale mal?…” y así hasta el infinito o hasta que consigo que mi conciencia se sienta suficientemente reconfortada como para quedarme donde estoy, sin excesivo dolor. Y si me duele mucho, procuro no pensar en ello, pongo la televisión, o navego en internet o me entretengo cocinando cualquier cosa, para evitar pensar lo que podría estar haciendo para cambiar algo.

Y en este comportamiento hay 2 cuestiones sobre las que me gustaría colocar el foco, dedicar mi atención hoy:

Por un lado está el papel del héroe, que resulta que ni sobrenatural, ni de otro mundo, ni anestesiado ni nada de nada. Los héroes son personas cotidianas, del día a día, tú y yo o nuestros padres/madres, hijos e hijas, el vecino y la vecina. Héroes de sus vidas, de su lucha diaria, con sus pequeñas derrotas y sus grandes victorias. Cada día nos enfrentamos a una pequeña batalla y cada día la superamos, prueba de ello que al día siguiente comenzamos otra. Las batallas del día a día, que a veces nos dejan marcas visibles y otras no tan visibles. También un día a día del que como héroes, aprendemos lecciones.

Y por otro lado, la víctima. A veces, por algún motivo, tiramos la toalla, y nos convertimos en la víctima, culpando a nuestro entorno, a otras personas, a las circunstancias, a la biología o al destino. Y cuando interpretamos el papel de víctima perdemos nuestro poder, nuestra fuerza, nuestro brillo. Nos dejamos llevar, nos quejamos, esperamos a que llegue la solución desde fuera, y esperando y esperando, se nos olvida que en realidad, somos héroes de nuestra vida, de nuestra existencia. Se nos olvida que tenemos todo lo que necesitamos para avanzar en cualquier situación, para superar el dolor, curar heridas, adaptarnos a nuevas situaciones. Somos héroes capaces de compartir lo más preciado, amor y gratitud. Ese amor y gratitud que cuanto más repartimos, más nos enriquece como personas. ¿Cuántas personas conoces que reparten cariño y gratitud, y da la sensación de que todo en su vida es tan hermoso, hay tanto equilibrio, tanta felicidad que parecen no padecer las mismas circunstancias que los demás, parecen vivir en un mundo perfecto diferente del mío? Estas son las personas sobre las que recae el título de héroe. Héroes, sin capa ni antifaz, que han sabido combatir las adversidades con amor y gratitud y que además son capaces de tener suficiente para compartir con el entorno. Que un día decidieron no ser víctimas, porque una persona decide ser víctima o héroe, y desde esa perspectiva asumir la autoridad de su vida para hacer de ella una experiencia única.

Por todo lo anterior, y en honor a tantos héroes y heroínas que me voy encontrando por la vida, a los y las que admiro profundamente y que son fuente de inspiración diaria, quisiera recordar que héroes somos todos, personas de carne y hueso, con alegrías y tristezas, con aciertos y errores. Que estamos en nuestro derecho de decidir qué papel queremos jugar: héroe o víctima. Pero que seamos conscientes de que esto es una decisión y por lo tanto, en nuestra mano está, en un momento dado, volver a ser héroes de nuestra vida, con libertad, asumiendo nuestro poder personal. Buda dijo “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” donde el héroe aprende una lección del dolor y la víctima se queja y se queja y sigue sufriendo tras ese mismo dolor de forma indefinida, hasta que decide convertirse en héroe y aprender de ello.

¿Qué eliges ser hoy Héroe o Víctima?

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