Emociones

Emociones

Cada vez que me siento ante el folio en blanco para escribir algo a los lectores de la Revista Eibar, me encuentro con un montón de ideas que quisiera plasmar, pero me surge la duda de si resultará de interés, de si seré capaz de transmitir adecuadamente. Siento temor sobre la opinión de quien dedica un tiempo de su vida a leer estas líneas, si le gustará o no, si le aportará algo…

Esto que yo siento son emociones que mi cuerpo me regala, para comunicarse conmigo y que si soy capaz de identificar e interpretar, me dará la opción de decidir qué quiero hacer en consecuencia.

Ante la misma situación las emociones no tienen porqué ser iguales para todas las personas, porque estas emociones están directamente relacionadas con nuestro aprendizaje, con la interpretación que cada persona hace de las experiencias, las pasadas, las presentas y las futuras.

Photo by Brandi Redd on Unsplash

Estas emociones son el lenguaje del cuerpo para comunicarse con nosotros, porque el cuerpo no entiende de palabras para comunicarse con nosotros. Quien pone palabras somos las personas, para poder compartir con otras personas lo que nos está pasando.

El cuerpo conoce perfectamente qué es el miedo, antes incluso de que existiera la palabra miedo. De hecho en cada lugar del mundo el miedo, tiene un nombre distinto, adaptado a su idioma, pero lo digamos en euskera, en japonés o en portugués, el miedo es el miedo, y es una emoción que el cuerpo conoce sin necesidad de una palabra que lo defina.

La alegría es una emoción también, y si nosotros miramos a un bebé que sonríe porque siente alegría, a pesar de que ni siquiera conozca el significado de la palabra alegría, pero su cuerpo sabe lo que es la alegría, porque la siente. Y esta emoción de alegría, le genera una reacción que provoca la sonrisa. Esa sonrisa tan contagiosa que en quien esté observando, provocará la misma reacción.

Esa energía de las emociones es contagiosa y se transmite de una persona a otra. También podemos decir que las emociones generan una energía que atrae a quienes viven esa misma energía. Por eso la alegría se rodea de alegría y el miedo de miedo.

Las emociones son la energía que nos impulsa o nos frena. El miedo es una emoción que nos frena (o impulsa hacia atrás) mientras que la alegría es una emoción que nos impulsa hacia delante.

Esto no quiere decir que el miedo sea malo, al contrario, si no sintiéramos miedo, no habríamos sobrevivido a tantos y tantos peligros que han acechado a los humanos a lo largo de toda su evolución. El miedo está ahí para aportarnos una información que nos ayudará a reaccionar en consecuencia, mientras que la alegría o la tristeza nos aportan otra información distinta.

Las emociones son energía que tiene su reflejo más visible en nuestros comportamientos. Ante una emoción de miedo, me defiendo o ataco, ante la tristeza, me aíslo y reduzco la actividad física para hacer un trabajo de introspección más espiritual. Con la alegría avanzo hacia el objetivo y con la ira recopilo toda la fuerza que necesito para conseguir lo que busco.

A veces no sé exactamente cuál es la emoción que siento, puedo intuir de qué tipo es, si me está impulsando hacia el objetivo o me está defendiendo de un peligro, si me paraliza o me ayuda a encontrar las fuerzas que necesito.

¿Y qué hago con mi folio en blanco y el miedo que me impide escribir este artículo? Ante ese miedo, primero lo identifico y comprendo para qué está ahí, qué me está transmitiendo. A partir de ahí, mi decisión puede ser no cumplir mi compromiso con estas páginas para evitar la situación que me genera miedo (freno o paso atrás), o puedo decidir aprovechar ese miedo para esforzarme aún más en el cumplimiento del encargo (impulso).

De esta forma la emoción me está aportando una información, de la que soy CONSCIENTE, y yo decido y me RESPONSABILIZO de la decisión que tome.

Es como si mi yo interior me estuviese advirtiendo de los posibles riesgos a los que me enfrento, para que tome la decisión con más información.

En esta toma de decisión además, hay un hecho importante y es que lo que yo decida hacer en esta situación, cada vez que me enfrente a ella, se irá memorizando en mi cuerpo. Esa repetición provoca aprendizaje de mi cuerpo para que, cuando surja una nueva situación similar, la reacción sea cada vez más automática y espontánea.

Por esto, a veces, sin darnos cuenta, ante una situación, o ante una persona o en un lugar, la reacción que producimos en nuestro cuerpo y en el comportamiento, es casi inconsciente, porque hemos repetido esa reacción tantas veces que nuestro cuerpo ha aprendido y se activa de forma automática. Es una reacción aprendida y grabada previamente.

Por todo esto, ahora que estamos en fechas Navideñas donde las emociones parecen estar más a flor de piel, yo animo a todas las personas a ser conscientes de lo que sentimos y a decidir qué queremos hacer realmente con lo que nos está diciendo el cuerpo. Que nuestro cuerpo hace lo que nosotros le hemos enseñado a hacer, y que si queremos cambiarlo, está en nuestra mano hacerlo.

No sé cuál será el resultado de esta lectura, pero yo he conseguido mi objetivo, y para ello he contado con la ayuda de mi cuerpo a través del miedo.

 

Gabon Zoriontsuak eta Urte Berri On!

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