Despedidas

Despedidas

Todo comienza con un estado de inocencia, en el que nos sentimos ajenos a todo lo que nos puede deparar el mañana. Un estado de Inocencia, absolutamente necesario para el transcurso de la vida, ajeno al dolor, al sufrimiento y centrado en las preocupaciones cotidianas, los quehaceres y las rutinas más comunes junto con algún disfrute y momentos de satisfacción y felicidad que van y vienen.

Y de pronto llega la noticia, un momento, un instante, tan sólo hace falta un segundo para que todo cambie. Algo ocurre y las cosas ya no son como hasta un segundo antes. Una sensación recorre todo el cuerpo de arriba abajo y de abajo arriba y estamos en un nuevo momento. No es tanto si es mejor o peor que el anterior, la cuestión es más que la situación ha cambiado y eso supone una pérdida. Una pérdida de la comodidad que me aportaba lo que ya conocía, en otras ocasiones es una auténtica pérdida. Perdemos un ser querido, un trabajo, una relación, un objeto valioso, un proyecto, una ilusión…

Photo by Andrew Neel on Unsplash

Al instante de producirse esta pérdida, nos convertimos en huérfanos. En un ser que ya no cuenta con esa estabilidad previa, con ese ser, ese trabajo, esa relación, objeto o proyecto con el que contaba hasta un momento antes. Hay un vacío en el cuerpo, un cierto aturdimiento, los ojos abiertos, la boca abierta también, miradas alrededor para asegurarse de que no es una broma, de que ese momento que estás viviendo es real y a continuación comienzas a moverte de un lado a otro tratando de encontrar lo que has perdido. Dar vueltas tratando de encontrar un responsable de lo que has vivido, una justificación de la nueva situación, una explicación o culpable. Este es el momento de vagabundear, sin rumbo fijo, solo buscando algo o alguien a quien agarrarnos para soportar la situación en la que sigues perdido.

Un poco más adelante, cuando por fin has encontrado el culpable, la explicación que no te convence y que eres capaz de rebatir, entonces es cuando entras en fase de mártir. Martir a manos de un culpable que ha originado la situación que estás viviendo de forma injusta, que te ha hecho salir de donde estabas unos instantes antes y donde quisieras volver pero ya no puedes. Todo lo anterior al suceso, era mejor que lo actual, a pesar incluso de que en ese mismo momento no fueras consciente de ello y estuvieras deseando que algo cambiara. Incluso a veces, con una queja constante y monótona, sin saber que podía ocurrir algo menos gustoso. Pero no hay nada como perder algo, para desearlo con todas las fuerzas. Y es en ese mártir donde la tristeza te invade, donde es necesario hacer un trabajo interior de aceptación de las nuevas circunstancias, de la nueva situación que se acaba de abrir a nuestros pies. Porque “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” (Buda), sólo a través de la aceptación puedes trascender el dolor, evitar el sufrimiento y comenzar una nueva etapa de Guerrero/a. Una etapa en la que comenzar a cambiar ese dolor por una nueva realidad aceptada e interiorizada desde el convencimiento de que todo es para algo. De que cuando se cierra una puerta puedes abrir otra, y para ello necesitas definir cuál es la  nueva puerta a abrir, el esfuerzo o trabajo que deberás llevar a cabo para conseguir ese nuevo objetivo, los cambios que supondrán y los nuevos recursos que te han aportado las circunstancias que has vivido.

El avance se produce ante situaciones no favorables igual que una rueda necesita de la resistencia del suelo para poder avanzar. Pero una vez que acepto esa circunstancia, cuando soy capaz de ponerme a trabajar y a luchar por algo nuevo desde el aprendizaje que me da lo vivido, entonces es cuando me convierto en un ser más Sabio. Porque todo lo que vivo no es más que aprendizaje, experimentación para mi crecimiento y desarrollo constantes. A veces con dolor, otras con incomodidad, pero siempre dejando algo para abrirme a algo nuevo, siempre con la necesidad de aceptar el cambio inevitable. Ese cambio que si no acepto se resiste y genera sufrimiento, pero que si acepto y, soy capaz de integrar y convertirme en su impulsora y guía, es capaz de llevarme en cada momento a una nueva realidad, a una nueva vivencia, diferente de la anterior y más llena de riqueza.

No quería acabar hoy sin recordar a la persona que ha inspirado esta reflexión, esa persona que en este momento me está enseñando cosas que todavía, quizá, soy incapaz de interiorizar. Que con el tiempo seguro que será un aprendizaje asombroso y tremendamente valioso. Zauden tokian zaudela, Leire, beti gure bihotzean izango zaitugu, emandako bizipoza ta zorion guztiagatik.

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